Con el fallecimiento de Isabel II, quien portó la corona durante 70 años, se vienen cambios que pueden terminar en transformaciones de impacto en el mundo. El reinado isabelino, dejó un alto estándar de estabilidad y representación al ahora Carlos III, quien tendrá el reto de afrontar el posible reavivamiento de movimientos republicanos o de independencia dentro del Reino Unido y la Mancomunidad de Naciones.
Por su puesto, la familia real es la primera en ser impactada por los cambios que se adelantan tras el deceso de la monarca. Siguiendo la línea sucesoria, el entonces príncipe de Gales, Carlos, automáticamente accede al trono, acompañado por su esposa, Camila Parker, ex duquesa de Cornualles y ahora reina consorte. Con esta movida, el primogénito del matrimonio Carlos – Diana, Guillermo de Cambridge, pasa a ser el heredero directo de la corona, siendo proclamado durante el primer discurso de Carlos III, como nuevo príncipe de Gales y duque de Cornualles, junto con su esposa Kate. La línea continúa con los tres hijos de Guillermo, George, Charlotte y Louis, seguidos por Harry, Archie y Lilibeth, segundo hijo del nuevo rey y sus otros dos nietos.
Hay que recordar que muy posiblemente la coronación de Carlos III sea dentro de los próximos 16 meses.
¿Reviven los movimientos republicanos y de independencia en Reino Unido?

Si usted está perdido, aquí va un repaso por la geografía y naciones que componen el Reino Unido. Hacen parte del Reino Unido, la isla de Gran Bretaña (que contiene a Inglaterra, Escocia y Gales) y la nación de Irlanda del Norte, que comparte una isla vecina a la Gran Bretaña, con la República de Irlanda, país soberano y no asociado a la corona.
Precisamente, Carlos encuentra un Reino Unido extremadamente diferente y mucho más multicultural, que aquel que recibió en 1952 la princesa Isabel. A lo largo del siglo XX, Isabel II atravesó vientos de independencia en tres de estas naciones, excepto Inglaterra, que terminaron en sucesos como el referéndum de independencia escoces de 2014, en el cual perdieron los independentistas, representados por el Partido Nacionalista Escocés (SNP).
Sin embargo, en junio de este año, alegando entre tantos motivos el Brexit, el gobierno escoces anunció el inicio de una nueva campaña para un segundo referéndum de independencia. Algo similar sucede en Irlanda del Norte, donde la crisis de gobierno puede terminar en una posible unificación del territorio a la República de Irlanda.
Ante esta posibilidad, la figura de la reina era fundamental. En las últimas encuestas hechas por YouGov, 1/3 de la población creía que Carlos no sería buen rey, un 80% calificó como bueno el reinado de Isabel, y un 15% apoyaba la monarquía solamente si la que portaba la corona era la soberana fallecida.

Otro de los retos del nuevo rey será afrontar la crisis post pandemia que impera en Inglaterra. Después de los escándalos y salida del ministro conservador Boris Jhonson, y con la llegada de la nueva premier Liz Truss, la nación se acerca a un invierno en el que los precios de los servicios públicos penden de un hilo. Aunque ya se sabe que Truss ordenó congelar los precios de la factura energética, la inflación y la inminente recesión, se suman a las dificultades económicas no reconocidas que han surgido debido al Brexit.
Carlos, de 73 años, deberá afrontar como una figura constitucional estos escenarios. Su legitimidad como jefe de Estado y figura de unión, puede verse afectada por las ahora limitadas opiniones que exprese frente a cada situación, y por supuesto dependerá de las actuaciones de la familia real, grupo al que Carlos pretende reducir, recortando presupuestos y responsabilidades reales a varios de sus miembros.
El rey y la Mancomunidad de Naciones

El nuevo rey no solo será el soberano del Reino Unido, también será líder (cargo que no es hereditario) de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth of Nations, en inglés), una agrupación que hasta el día de hoy está conformada por 56 países de África, Asia, Europa, América y el Pacífico. Entre dichos países se encuentran: Canadá, Guyana, Kenia, Sudáfrica, India, Singapur, Chipre, Malta, Australia, Nueva Zelanda, y otros tantos; todos tienen una característica en común: comparten un lazo histórico y colonial con el extinto Imperio Británico.
La membresía a la Mancomunidad es voluntaria y autónoma, y representa los vestigios del que en un momento fue el imperio más grande del mundo, por lo que ahora sus funciones se basan en la cooperación cultural y económica y en el establecimiento de relaciones políticas o comerciales entre los Estados miembros.
Aunque la mayoría de estos países son repúblicas, aún hay 15 en los que el jefe de Estado sería Carlos III, pero tal y como sucedió en Barbados en 2021, países como Australia, Nueva Zelanda, Canadá o las islas caribeñas, también pueden repensar su estatus monárquico al recordar su pasado atroz como territorios de esclavitud, convirtiéndose en repúblicas.
En definitiva, el papel del nuevo monarca será decisivo en posibles nuevas movidas en el mundo de la geopolítica y las monarquías constitucionales. Carlos III tendrá el reto de construir una figura de unión en torno a la corona, actualizando mucho más una institución considerada por varios ciudadanos del mundo como anacrónica y medieval, y a su vez deberá demostrar que las opiniones que giran en torno a una abdicación a favor de su hijo, a raíz de las complicaciones que puedan surgir por su edad, es una opción que no tiene lugar.
