Ricardo Arjona narró su dimensión más íntima en el Movistar Arena

Aunque no pertenece al repertorio de aquel cantante con 6 fechas sold out en Bogotá, Burning Love de Elvis Presley fue escuchada sobre las 9:00 p. m. como preludio al despliegue del segundo concierto de Ricardo Arjona en la capital; sin embargo, pese a un Movistar Arena a reventar, una escenografía vinculada a la esencia del pop rock latino, visuales donde predominada el rojo y un equipo de diversas nacionalidades puesto sobre el escenario, el espectáculo 101 del gualtemalteco —ocurrido el pasado martes 28 de julio— no inició con el intérprete de Minutos como centro de atención cuando la melodía de El Rey terminó, sino con la apertura del Cabaret Seco.

En aspiración a reflejar un condominio francés, el Cabaret Seco fue encendiendo sus luces al ritmo de Iluso; aun cuando la letras del señalado poeta urbano ya creaban escenas con «acrobacias del placer fingido» o «un orgasmo de alquiler con ruidos», la ausencia del artista dejó que la primera canción fuera vivida por una mujer rubia de vestido vaporoso en negro —salida del cabaret— quien pasó de la proyección al escenario, despertando la emoción con su baile al ritmo de los bongós.

Como respuesta a la interrogante de dónde está Arjona, Midalys Perdigón —la bailarina— señaló un ascensor en la esquina izquierda del escenario. De aquel objeto, una imagen del gualtemalteco pudo ser vista. No obstante, no salió de allí. Con el paso del ritmo tropical del bongó, un chello y un violín fueron en diminuendo mientras todo el recinto caía en la oscuridad. En esa noche creada, por fin, un Ricardo Arjona de 62 años fue visto en el escenario al tono de Gritas, pieza de su más reciente álbum Seco.

Si bien el cantante suma más de 30 años de carrera, la elección del repertorio no acudió a las melodías de los 90 o inicios del 2000 que lo proclamaron como uno de los artistas más conocidos de Latinoamérica. Sino una amalgama del universo Arjona que compredió Ella, mientras los asistentes aún digerían su presencia en el escenario. Pese a letras que evocan situaciones descritas en la máxima libertad que permiten las metáforas, el gualtemalteco vistió de negro en su totalidad, con un sombrero de copa baja.

Con El Problema del álbum Santo Pecado de 2002, y los gritos de tribunas enteras, el pico de energía estaba puesto. Madres con hijos, parejas y grupos de adultos sobre los 40, corearon lo que algunos llaman las melodías poéticas de Arjona. «El problema es que es conmigo», frase final del éxito a inicios del siglo XXI, también dio cierre al primer acto del concierto de la mano al visual de un telón carmesí.

Arjona, el seco y Ricardo

Un joven gaditano, en búsqueda de un nuevo sentir, zarpa sin rumbo decidido por el Altántico a inicios del siglo XX. En pleno desconocimiento, arriva y se establece en Tecpán, Costa Rica. Dicho personaje español, luego de casarse, adentrarse en un nuevo territorio y tirar raíces en tierra americana, muere cuando su pequeño hijo tenía solo 6 años. La historia, narrada en voz de Arjona, resulta en una corta unión de sucesos de su abuelo paterno.

«Es una fiesta para mí. Me gusta estar acá», mencionó el intérprete, para continuar con el hilo detrás del seco. Aunque, antes de mencionar al personaje, Arjona cuenta la vivencia de su homónimo padre, quien vio en la profesión de maestro de escuela el camino para vivir.

Entre un viaje a la infancia, y comentarios del mundo actual, Arjona desarrolló en unos minutos su cohete al éxitos en la esfera latina: un dialecto único entre sus fanáticos y él. Allí es donde aquel concierto pasó de recital a relato, donde el cantante pudo espetar lo que el seco no dijo, nombre de su gira internacional que lo trajo al país de la belleza.

De un apodo creado por la delgadezde un joven Ricardo, el intérprete proclamó al seco como obra y personaje para explorar sus raíces y mundo íntimo a lo largo de un viaje por América que, en Colombia, superó el concierto número 100 aquella noche.

Y, pese a lo sentimental, el ritmo de concierto-experiencia retomó aires con una interpretación burlesque con Cabaret, una de las canciones más nuevas de su repertorio. Desde allí, la narrtiva de Arjona se tornó en tres ejes: el seco, un escenario cambiante e inteligencia artifical. La adecuación de esta última estuvo presenté en cada una de las proyecciones. Con Acompáñame a Estar Solo el Cabaret fue destruido mientras el cantante le dedicaba la canción a Génesis, una de sus fanáticas; mientras que con Si el norte fuera el sur distintas imágenes construidas por un ordenador presentados indígenas, fronteras, al Che Guevara e incluso una versión de la Estatua de la Libertad con el multimillonario Elon Musk.

Entre fanáticos y reflexiones

«Del primer show dijeron: solo cantó viejitas; del segundo, solo nuevas», dijo el cantante para asegurar que en esa, su tercera presentación en Colombia para 2026, iba a ser un balance.

Bajo la excusa de hacer felices a todos, los más acérrimos al cantante seleccionaron, antes de todo el espectáculo, canciones que deseaban escuchar. De allí salieron temas no programados como Cavernícolas. Asimismo, con cada elección de canción, quien la había sugerido era enseñado en cámara. Allí, entre lágrimas una pareja fueron era enfocada junto a su cartel: Soy su esposo. Si la bajas, me harías muy feliz. Las palabras se cumplieron, y la fanática, desde el segundo piso pasó al escenario para intercambiar un abrazo con el artista.

Como lo mencionó el poeta urbano, las notas y canciones recorrieron canciones de sus primeros orígenes y etapa mas bohemia hasta la versión madura de Seco. Y, como artista, Arjona traslada sus metáforas al universo tangible. Al sonar de Historia de un Taxi, lanzada en su álbum Historias de 1994, interpretó la famosa melodía mientras el público visualizó un Volkswagen amarillo no medio del escenario durante la historia que narra el encuentro nocturno entre un taxista y una misteriosa pasajera en la Ciudad de México.

Con una falsa conclusión del concierto, Arjona regresó para tocar aquella melodía introspectiva de 2002: Minutos. Junto a lágrimas secas y un coro con conocimiento exacto de la lírica, el pota urbano iba cerrando la llamada experiencia-recital luego de dos horas y media de acto.

Así, luego de dominar a 15.000 personas en el Polideportivo Sur de Envigado, haber realizado 2 de sus 6 sold out en el Movistar Arena de Bogotá, y reunir, en una noche, más de tres décadas de carrera junto a proyecciones de inteligencia artificial, el guatemalteco concluyó su segunda fecha en la capital al ritmo de Mujeres, en espera de brindar, de nuevo, un espectáculo bajo el sello Arjona en los 4 conciertos consecutivos que se avecinan del 30 de julio al 2 de agosto.

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Ricardo Arjona narró su dimensión más íntima en el Movistar Arena

Por Mateo Bonilla 29 Jul, 2026 09:50

Aunque no pertenece al repertorio de aquel cantante con 6 fechas sold out en Bogotá, Burning Love de Elvis Presley fue escuchada sobre las 9:00 p. m. como preludio al despliegue del segundo concierto de Ricardo Arjona en la capital; sin embargo, pese a un Movistar Arena a reventar, una escenografía vinculada a la esencia del pop rock latino, visuales donde predominada el rojo y un equipo de diversas nacionalidades puesto sobre el escenario, el espectáculo 101 del gualtemalteco —ocurrido el pasado martes 28 de julio— no inició con el intérprete de Minutos como centro de atención cuando la melodía de El Rey terminó, sino con la apertura del Cabaret Seco.

En aspiración a reflejar un condominio francés, el Cabaret Seco fue encendiendo sus luces al ritmo de Iluso; aun cuando la letras del señalado poeta urbano ya creaban escenas con «acrobacias del placer fingido» o «un orgasmo de alquiler con ruidos», la ausencia del artista dejó que la primera canción fuera vivida por una mujer rubia de vestido vaporoso en negro —salida del cabaret— quien pasó de la proyección al escenario, despertando la emoción con su baile al ritmo de los bongós.

Como respuesta a la interrogante de dónde está Arjona, Midalys Perdigón —la bailarina— señaló un ascensor en la esquina izquierda del escenario. De aquel objeto, una imagen del gualtemalteco pudo ser vista. No obstante, no salió de allí. Con el paso del ritmo tropical del bongó, un chello y un violín fueron en diminuendo mientras todo el recinto caía en la oscuridad. En esa noche creada, por fin, un Ricardo Arjona de 62 años fue visto en el escenario al tono de Gritas, pieza de su más reciente álbum Seco.

Si bien el cantante suma más de 30 años de carrera, la elección del repertorio no acudió a las melodías de los 90 o inicios del 2000 que lo proclamaron como uno de los artistas más conocidos de Latinoamérica. Sino una amalgama del universo Arjona que compredió Ella, mientras los asistentes aún digerían su presencia en el escenario. Pese a letras que evocan situaciones descritas en la máxima libertad que permiten las metáforas, el gualtemalteco vistió de negro en su totalidad, con un sombrero de copa baja.

Con El Problema del álbum Santo Pecado de 2002, y los gritos de tribunas enteras, el pico de energía estaba puesto. Madres con hijos, parejas y grupos de adultos sobre los 40, corearon lo que algunos llaman las melodías poéticas de Arjona. «El problema es que es conmigo», frase final del éxito a inicios del siglo XXI, también dio cierre al primer acto del concierto de la mano al visual de un telón carmesí.

Arjona, el seco y Ricardo

Un joven gaditano, en búsqueda de un nuevo sentir, zarpa sin rumbo decidido por el Altántico a inicios del siglo XX. En pleno desconocimiento, arriva y se establece en Tecpán, Costa Rica. Dicho personaje español, luego de casarse, adentrarse en un nuevo territorio y tirar raíces en tierra americana, muere cuando su pequeño hijo tenía solo 6 años. La historia, narrada en voz de Arjona, resulta en una corta unión de sucesos de su abuelo paterno.

«Es una fiesta para mí. Me gusta estar acá», mencionó el intérprete, para continuar con el hilo detrás del seco. Aunque, antes de mencionar al personaje, Arjona cuenta la vivencia de su homónimo padre, quien vio en la profesión de maestro de escuela el camino para vivir.

Entre un viaje a la infancia, y comentarios del mundo actual, Arjona desarrolló en unos minutos su cohete al éxitos en la esfera latina: un dialecto único entre sus fanáticos y él. Allí es donde aquel concierto pasó de recital a relato, donde el cantante pudo espetar lo que el seco no dijo, nombre de su gira internacional que lo trajo al país de la belleza.

De un apodo creado por la delgadezde un joven Ricardo, el intérprete proclamó al seco como obra y personaje para explorar sus raíces y mundo íntimo a lo largo de un viaje por América que, en Colombia, superó el concierto número 100 aquella noche.

Y, pese a lo sentimental, el ritmo de concierto-experiencia retomó aires con una interpretación burlesque con Cabaret, una de las canciones más nuevas de su repertorio. Desde allí, la narrtiva de Arjona se tornó en tres ejes: el seco, un escenario cambiante e inteligencia artifical. La adecuación de esta última estuvo presenté en cada una de las proyecciones. Con Acompáñame a Estar Solo el Cabaret fue destruido mientras el cantante le dedicaba la canción a Génesis, una de sus fanáticas; mientras que con Si el norte fuera el sur distintas imágenes construidas por un ordenador presentados indígenas, fronteras, al Che Guevara e incluso una versión de la Estatua de la Libertad con el multimillonario Elon Musk.

Entre fanáticos y reflexiones

«Del primer show dijeron: solo cantó viejitas; del segundo, solo nuevas», dijo el cantante para asegurar que en esa, su tercera presentación en Colombia para 2026, iba a ser un balance.

Bajo la excusa de hacer felices a todos, los más acérrimos al cantante seleccionaron, antes de todo el espectáculo, canciones que deseaban escuchar. De allí salieron temas no programados como Cavernícolas. Asimismo, con cada elección de canción, quien la había sugerido era enseñado en cámara. Allí, entre lágrimas una pareja fueron era enfocada junto a su cartel: Soy su esposo. Si la bajas, me harías muy feliz. Las palabras se cumplieron, y la fanática, desde el segundo piso pasó al escenario para intercambiar un abrazo con el artista.

Como lo mencionó el poeta urbano, las notas y canciones recorrieron canciones de sus primeros orígenes y etapa mas bohemia hasta la versión madura de Seco. Y, como artista, Arjona traslada sus metáforas al universo tangible. Al sonar de Historia de un Taxi, lanzada en su álbum Historias de 1994, interpretó la famosa melodía mientras el público visualizó un Volkswagen amarillo no medio del escenario durante la historia que narra el encuentro nocturno entre un taxista y una misteriosa pasajera en la Ciudad de México.

Con una falsa conclusión del concierto, Arjona regresó para tocar aquella melodía introspectiva de 2002: Minutos. Junto a lágrimas secas y un coro con conocimiento exacto de la lírica, el pota urbano iba cerrando la llamada experiencia-recital luego de dos horas y media de acto.

Así, luego de dominar a 15.000 personas en el Polideportivo Sur de Envigado, haber realizado 2 de sus 6 sold out en el Movistar Arena de Bogotá, y reunir, en una noche, más de tres décadas de carrera junto a proyecciones de inteligencia artificial, el guatemalteco concluyó su segunda fecha en la capital al ritmo de Mujeres, en espera de brindar, de nuevo, un espectáculo bajo el sello Arjona en los 4 conciertos consecutivos que se avecinan del 30 de julio al 2 de agosto.